
Gilberto Objio
Solía tener fe como todos los jóvenes. Lastima que eso se acabó. Mi país me la ha quitado y no la podré recuperar. Un joven de 20 años, que creía en su país, ha sido defraudado. Una doña que ayer recibió una caja navideña, hoy la mira con desdén y repugnancia. Un padre, que honradamente lo ha hecho todo por su familia, hoy sufre la ira de la impotencia.
Hoy es el día más triste que recuerdo; hoy todos mis sueños se quebraron al mismo tiempo. Padre nuestro que estás en los cielos … dime hoy que hemos hecho, para merecer esto.
Mi pecado fue creer en ti, señor presidente. Usted me ha faltado el respeto, a mi y a todos los que alguna vez enarbolamos con sinceridad nuestra admiración por sus actos, al dejar libres a los ciudadanos Vívian Lubrano de Castillo y al Sr. Franco Badía mediante el uso de su poder de indulto.
El pesar y la ira me quiebran el espíritu; la aguda angustia se ha adueñado de mi.
Hoy ya no puedo creer más en usted mi señor presidente, ya no tengo fundamentos para defenderlo. Las batallas que alguna vez libré entre mis iguales en su defensa, hoy no sirven más que como un recuerdo penoso. Ellos tenían la razón, yo me había equivocado.
¿Por qué le ha negado usted, a la sociedad dominicana, su justo derecho de sentirse resarcida frente a los condenados mencionados?
Todos sabemos que, esos ciudadanos tienen derecho a la libertad… una vez cumplida su condena.
¿De qué me sirve el derecho que hoy estoy aprendido en la facultad? Sino para que mi presidente me falte el respeto. ¿De que me sirve respetar las leyes, si con suficiente dinero puedo quebrantarlas?
Aspiro desde hoy a ser siempre humilde, para que el poder no corrompa mis ideales y el dinero no manche mi honra.
Antiguo joven patriota. Actual joven decepcionado.
TOMADO DE el nuevo diario
Autor: Gilberto Objío
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