
ANDRES L MATEOJuan Bosch: moralista emblemático
El PLD tenía dos vidas, y ambas eran falsas
Andrés L. Mateo
Escritor. Narrador y ensayista.
TOMADO DE www. clave@clavedigital.com
Juan Bosch debe estar revolviéndose en su féretro, inconsolable porque el discipulado al que sermoneó sin descanso se ha convertido en lo que él trataba de evitar. El gran propósito, los grandes peligros y el gran periplo del viaje teórico que desplegó para la construcción del partido se basaba en el disentimiento.
Su metarrelato -como diría Jean-Francois Lyotard- perseguía la formación de un conglomerado político que se legitimara por su práctica diferente. Y por eso alertó tempranamente sobre el cambio que acarrea la toma del poder: “(…) y es frecuente ver el caso de tal o cual partido que después de haber hecho críticas a esta o aquella manera de actuar acaba por adoptar las que había criticado”. De entre todas esas prácticas que han adulterado la concepción del partido que Juan Bosch tenía está la corrupción. El profesor podía haber ardido con el corazón contraído en la ira o en el error, pero su nombre jamás podrá ser asociado a la mísera práctica de la corrupción. Su grandeza tenía otro matiz, derivado de un principio original que se empinaba desde la moral kantiana, que gobierna la ética y su concepción de la política. Por eso su desdén por el poder del dinero, que un discípulo como Leonel ha puesto en el centro de su liderazgo. Para advertir sobre lo que lleva a la corrupción escribió: “(…) Las condiciones adecuadas para que se produzca un estado de corrupción, es darles a los que manejan dinero que no es suyo autorización para que dispongan de él cuando quieran y como quieran”. Exactamente lo que está ocurriendo en el gobierno de sus discípulos.
El PLD tenía dos vidas, y ambas eran falsas. Públicamente, su criatura era un impostor, el famoso hijo de Bosch se ha pervertido en la corrupción, y la verdad que el viejo profesor esgrimía pasó a ser para siempre la alternativa de su mentira. ¡Cuánto hubiera dado porque se instalase en el país todo lo que su disentimiento con la manera de hacer política lo llevó a concebir para organizar un partido! Pero sus discípulos han despreciado el viejo corazón que se ensuciaba. Ahora son jorocones, millonarios, que han reducido el pensamiento del maestro a esa supervivencia paralizada que llaman inmortalidad. Y los arrebatos del “viejo”, su terca honradez, su majestad fundada en los valores espirituales; se pueden exorcizar con homenajes y romerías a su tumba. Juan Bosch es ahora un insípido florecimiento de la ilusión, una turbia eternidad, una ceguera lúcida que mortifica al discipulado corrupto que lo nombra. Aunque sus huesos suenen, inconsolables, como un piano en el viento.
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