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lunes, 7 de noviembre de 2011

LA FISCAL DE SANTIAGO


Por Fernando Peña
Con incredulidad, aunque no con asombro, porque los dominicanos, por el nivel de cualquierizacion de la vida pública que ha institucionalizado el PLD, ya hemos perdido los niveles de asombro, repito con incredulidad escuche el pasado domingo unas afirmaciones sobre la fiscal de Santiago, Yeny Berenice Reynoso, que de ser cierta lo menos que debe hacer es renunciar de sus funciones.
El señor Marcos Martínez, de manera responsable dijo en su programa del Canal 29 que lo que ella tiene que aclarar, refiriéndose a la fiscal, es de donde ella saca las prendas de lujos y cara que exhibe, el apartamento de lujo donde vive y la jeepeta donde se mueve, entre otras insinuaciones no menos graves, no menos santas.
Y como la corrupción es el uso y abuso del poder público en provecho propio, por lo general de beneficios privados, siendo el desencadenante de los actos de corrupción, ella, que ha recibido tantos reconocimientos y honores como servidora pública debe dar las pertinentes explicaciones.
Lord Acton decía que el “...poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente” o como decía Montesquieu “La constante expectativa demuestra que todos los hombres investidos de poder son capaces de abusar de él y de hacer su autoridad tanto como puedan”.

Será el señor Marcos Martínez un fiel ejemplo de aplicación de ese abuso de poder.

Al margen de ello, es pertinente que lo que sucede alrededor de la fiscal de Santiago sirva de ejemplo, no se puede subvalorar a un servidor público, que muchas veces no tiene los niveles académicos ni de carácter para ejercer una función tan delicada como esa. Y los culpables son sus jefes políticos y parte de los medios y periodistas que por cualquier actitud “mano dura” endiosan a aquel o aquellas que intenta cumplir con su deber.

Entiendo que en un sistema político como el nuestro con poco desarrollo, los servidores públicos, más del Ministerio Público, tienen la obligación de regir sus actuaciones por el bien común, y no ensañarse contra ninguna persona, deberían apoyarse en un sistema de valores y principios que encausen sus acciones con respeto, apegado a las leyes y en armonía con los intereses generales.

Uno se pregunta: ¿Porque la fiscal de Santiago no propicia una relación pasiva y positiva con los ciudadanos?
¿Por qué tanto protagonismo?
Señorita fiscal, recuerde que la legalidad, honradez, vocación de servicio, eficiencia, eficacia, imparcialidad y lealtad, deberían ser el catalogo de virtudes de sus funciones.
El autor es periodista.

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